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Orígenes

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La década de los 90 se inició con grandes cambios en la agenda internacional: la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro en 1992 (conocida también como Cumbre de la Tierra) constituyó un hito importante y un punto de reflexión que sentó las bases para una visión mundial del desarrollo. El proceso de preparación de esta Cumbre evidenció tres circunstancias preocupantes para América Latina:

  • Salvo algunas excepciones, América Latina participó muy poco en las discusiones sobre desarrollo sostenible; los representantes de la región no fueron conscientes de las oportunidades que la coyuntura de Río ‘92 presentaba y tuvieron un papel poco destacado en la negociación de regímenes globales. Esto denotaba la ausencia de liderazgo en la región.
  • Esta falta de liderazgo demostró la necesidad de ampliar la perspectiva cortoplacista, imperante en la región, en favor de visiones de largo plazo que permitieran construir el desarrollo sostenible.
  • Las delegaciones oficiales latinoamericanas, en general, no se caracterizaron por sus esfuerzos de integración y presentaron posiciones desarticuladas en las negociaciones, muchas veces inconsultas con sus sociedades. Quedó claro que la falta de diálogo predominaba en la región.
En este contexto y con la convicción de que América Latina requiere generar capacidades, liderazgo y condiciones necesarias para transitar hacia el desarrollo sostenible, se crea en 1993 la Fundación Futuro Latinoamericano (FFLA).

La Fundación promueve una cultura de diálogo colaborativo entre múltiples actores y sectores para que puedan encontrar soluciones alternativas a sus necesidades. También busca generar nuevas capacidades y fortalecer procesos de construcción de las políticas públicas, así como transformar los conflictos en situaciones de colaboración. Existe un firme propósito de avanzar hacia mecanismos innovadores de buena gobernanza en América Latina, buscando integrar modelos sostenibles a escala regional.