Comunidades y organizaciones sociales en Ecuador impulsaron la conservación de la biodiversidad, integrando acciones para enfrentar amenazas como los incendios forestales desde un enfoque de equidad de género e inclusión social.

En varias zonas andinas de Ecuador, existen comunidades con capacidades fortalecidas para prevenir incendios, organizaciones locales que integran la equidad de género en su trabajo y más mujeres participando activamente en la conservación de la biodiversidad. Ese es el camino que deja el proyecto “Mejorar la conservación en zonas críticas de biodiversidad mediante el fortalecimiento de la equidad de género”, implementado entre enero y diciembre de 2025. Un resultado que refleja el trabajo colectivo entre organizaciones y comunidades que sumaron esfuerzos para cuidar la vida que habita estos ecosistemas.
La iniciativa nació ante problemáticas que afectan a varias Áreas Clave para la Biodiversidad (KBA, por sus siglas en inglés) del país: incendios forestales cada vez más frecuentes, la caza del águila andina y la fragmentación de hábitats que ponen en riesgo especies y ecosistemas. Frente a este escenario, el proyecto impulsó acciones para proteger estas KBA. Y, al mismo tiempo, para disminuir brechas de género en procesos de toma de decisiones, tanto en los lugares de intervención como en las organizaciones de la sociedad civil responsables de su ejecución.
“El proyecto nos permitió mirarnos hacia adentro y fortalecernos como institución comprometida con la igualdad y la equidad de género.”
Daniela Samaniego – Fundación Ecológica Rikcharina
Alianzas que hicieron posible el proyecto

El proyecto CEPF – GAC fue gestionado por el Fondo de Alianzas para Ecosistemas Críticos (CEPF, por sus siglas en inglés), con financiamiento del Gobierno de Canadá a través de Global Affairs Canada (GAC). En este proceso, la Fundación Futuro Latinoamericano (FFLA) actuó como Equipo Regional de Implementación Ecuador (RIT, por sus siglas en inglés).
Esta iniciativa consolidó a FFLA como actor clave en la gestión de fondos internacionales y en el apoyo técnico a procesos de conservación y desarrollo comunitario, contribuyendo a la construcción de un futuro más resiliente y sostenible en el país.
“El proyecto CEPF-GAC ha sido una oportunidad clave para trabajar junto a organizaciones locales, donde la conservación realmente lo necesita. Para FFLA, ha permitido fortalecer su rol como facilitador de procesos, acompañando y aportando al desarrollo de capacidades locales, integrando además un enfoque de género que promueve una participación más inclusiva y equitativa. Este es un resultado fundamental que buscamos consolidar a largo plazo.”
Paola Zavala – Directora de Programa FFLA
Cuando los esfuerzos se conectan, el impacto crece
Este financiamiento formó parte de un esfuerzo mayor a nivel regional. Como contraparte al apoyo del Gobierno Alemán, a través del Banco de Desarrollo del Estado de la República Federal de Alemania KfW (Kreditanstalt für Wiederaufbau), CEPF gestionó recursos adicionales. Estos recursos permitieron contar con el financiamiento del Gobierno de Canadá mediante Global Affairs Canada. En total, se alcanzó una inversión de 5,3 millones de dólares para el Hotspot Andes Tropicales en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.
De este monto, más de un millón de dólares se destinaron a Ecuador. Este aporte se articuló con el trabajo que CEPF impulsa en el país desde 2022 con el apoyo de KfW. Gracias a esta articulación, fue posible ampliar el alcance de las acciones de conservación y dar continuidad a procesos ya en marcha.
Esta complementariedad también permitió atender desafíos prioritarios, como los incendios forestales y las brechas estructurales que impiden a las mujeres participar plenamente de la toma de decisiones y participación activa en torno a la conservación. El aumento de incendios registrado a finales de 2024, particularmente en provincias como Azuay, Loja y Pichincha, zonas donde las organizaciones socias podían implementar acciones, marcó un punto de alerta, por lo que este apoyo contribuyó a sostener o adaptar las acciones que ya se venían desarrollando.
Así, el financiamiento recibido por parte del Gobierno de Canadá se sumó al trabajo existente y acompañó a las organizaciones locales en su respuesta frente a estas amenazas.
Organizaciones locales al frente

En diversas zonas del Ecuador, el proyecto fue implementado por 12 organizaciones ecuatorianas socias de CEPF:
- Aves y Conservación
- Corporación Microempresarial Yunguilla
- Federación de Centros Awá del Ecuador
- Fundación para el Desarrollo de Alternativas Comunitarias de Conservación del Trópico
- Fundación Imaymana
- Asociación de Apicultores de San Pedro de Vilcabamba
- Fundación Amaru
- Fundación Cóndor Andino
- Fundación Cordillera Tropical
- Fundación Ecológica Arcoiris
- Fundación Ecológica Rikcharina
- Fundación Jambatu
Cada organización desarrolló acciones para prevenir incendios, apoyar la recuperación de zonas afectadas y promover el cuidado de la biodiversidad desde las comunidades, incorporando enfoques equitativos e inclusivos en sus políticas y procesos internos, desde la priorización y planificación hasta su ejecución.
Lugares estratégicos para la conservación

Los 12 proyectos, en conjunto, intervinieron directamente 284.960 hectáreas de superficie total en 10 KBAs.
Las acciones se desarrollaron en los corredores de conservación Awá-Cotacachi-Illinizas, que incluye el noroccidente de Pichincha hasta el límite con Santo Domingo de los Tsáchilas (Chocó Andino); Sangay-Podocarpus, que incluye Azuay, Loja y parte de Zamora Chinchipe, además del KBA Quitahuayco, localizado en la cordillera occidental del Azuay.
Un corredor es un espacio que conecta áreas naturales protegidas, permitiendo que las especies se desplacen, se reproduzcan y mantengan sus ciclos de vida. Por su parte, una KBA es un espacio con ecosistemas frágiles, especies amenazadas o procesos naturales importantes para la conservación. Ambos albergan especies únicas y muchas comunidades mantienen una relación cercana con estos entornos naturales.
Once especies prioritarias orientaron parte de estos esfuerzos

El proyecto centró parte de sus acciones en 11 especies prioritarias para la conservación identificadas en la lista de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN):
- Águila Andina (Spizaetus isidori)
- Zamarrito Pechinegro (Eriocnemis nigrivestis)
- Mono capuchino ecuatoriano (Cebus aequatorialis)
- Pava del Baudó (Penelope ortoni)
- Anfibios: Cutín de la sęlva (Pristimantis ruidus); Pristimantis verrucolatus; Atelopus nanay; Atelopus onorel; Atelopus bomolochos.
- Rana arlequín (Atelopus varius)
- Rana Jambatu (Atelopus longirostris)
La presencia de estas especies habla de la riqueza natural de estos ecosistemas y de la importancia de defender su conservación.
Fortalecimiento que protege los bosques

En estas zonas, cuidar los bosques también implica saber cómo actuar ante un incendio. Por ello, comunidades y organizaciones participaron en espacios prácticos donde aprendieron a identificar señales de alerta, como humo o quemas fuera de control, activar avisos tempranos y coordinar respuestas seguras.
Como resultado, 15 brigadas comunitarias integradas por 156 mujeres y 146 hombres, fortalecieron sus capacidades en gestión del fuego y prevención de incendios y recibieron equipos para combatirlos en los corredores de conservación Awá-Cotacachi-Illinizas, Sangay-Podocarpus y la KBA Quitahuayco. Gracias a estas acciones, 154.197 hectáreas registraron avances en la reducción de la amenaza de incendios forestales durante el período de implementación de los proyectos.

La coordinación con autoridades locales y otros actores facilitó respuestas más organizadas, mientras campañas radiales, videos y materiales informativos acercaron la prevención a la vida cotidiana.
Todos los recursos generados se encuentran en el enlace: https://andestropicales.net/documentos/
El documento de “Buenas prácticas para la prevención y gestión de incendios” está disponible en el siguiente enlace: https://atuk.com.ec/proyecto/desarrollo-de-productos-de-conocimiento-sobre-mejores-practicas-para-la-gestion-y-prevencion-de-incendios-en-los-andes-tropicales
Impulsar la recuperación y las economías locales
En zonas impactadas por el fuego y por la pérdida de bosque, se promovieron acciones de restauración tanto pasivas como activas, para que la vegetación vuelva a crecer: protección de áreas para permitir que plantas y árboles se regeneren de forma natural, siembra de especies nativas y prácticas que ayudan a conservar el agua y evitar el desgaste del suelo.
Estas acciones se conectaron con actividades productivas responsables como la meliponicultura (crianza de abejas nativas sin aguijón), que favorece la polinización, junto con la elaboración de bioproductos, como miel, turrones, derivados de la cera y otros productos apícolas, que demuestran que el cuidado de la biodiversidad puede ir de la mano con el sustento económico de las familias.

Comunidades y equipos técnicos también construyeron de manera participativa planes de manejo para Áreas de Bosque y Vegetación Protectora, definiendo qué actividades pueden realizarse, cuáles deben regularse y cómo proteger estos espacios para que continúen conservando su riqueza natural en los próximos años.
Estos planes se consolidan como una guía estratégica para reducir las amenazas ambientales, orientando acciones concretas para prevenir la expansión de actividades extractivas, fortalecer la vigilancia comunitaria y garantizar la protección de especies sensibles y en peligro crítico.
Proteger especies y fomentar la convivencia
El proyecto abrió espacios de diálogo con comunidades para conversar sobre las especies que habitan estos ecosistemas y el papel que cumplen en su equilibrio. En varios sectores, uno de los desafíos era la convivencia con el águila andina: algunas familias que criaban gallinas veían afectada su producción cuando el ave se alimentaba de ellas.

A partir de ese intercambio se buscaron soluciones prácticas que combinaron conocimiento técnico y saberes locales. Se construyeron gallineros más protegidos, se instalaron mallas y cintas reflectivas, se adecuaron zonas de pastoreo cubiertas y se sembraron árboles frutales que funcionan como barreras naturales. Estas medidas permitieron reducir conflictos y fortalecer la protección del águila andina sin afectar los medios de vida de las familias.
Las acciones beneficiaron directamente a 18 familias de seis comunidades en los corredores de conservación Awá-Cotacachi-Illinizas y Sangay-Podocarpus.
Además, uno de los pasos más importantes fue la conformación de una red internacional para la protección del águila andina (Spizaetus isidori), que conecta esfuerzos y experiencias para cuidar a esta especie amenazada más allá de las fronteras. Esta red está integrada por organizaciones de distintos países de la región, entre ellas: en Bolivia, Aves Bolivianas y WCS Bolivia; en Venezuela, la Universidad de Los Andes; en Colombia, Wild Second, Asociación Calidris y Fundación Águilas de los Andes (FADA); en Ecuador, Amaru, Fundación Ecominga y Fundación Cóndor Andino Ecuador; en Perú, Fundación Ñankulafkén, Fundación Cóndor Andino Perú, Centro de Ornitología y Biodiversidad (CORBIDI) y COA Oxapampa–SERNANP; y en Argentina, INIBIOMA-CONICET.
Equidad de género e inclusión social que fortalece la conservación

El enfoque de género e inclusión social formó parte de todos los proyectos. Tras una capacitación regional para fortalecer liderazgo femenino entre las organizaciones de la sociedad civil del Hotspot Andes Tropicales, las 12 organizaciones socias de Ecuador cuentan hoy con Planes de Acción de Género. Tres organizaciones elaboraron sus políticas institucionales de género y cuatro conformaron comisiones especializadas para sostener este trabajo. Siete de estas organizaciones cuentan con liderazgos femeninos.
Estos avances han fortalecido la manera en que las organizaciones se relacionan con las comunidades y toman decisiones, integrando distintas voces en la protección de la biodiversidad.
“Si bien la estrategia de igualdad de género es algo que hemos trabajado desde hace algún tiempo, con las capacitaciones y la asesoría recibida en el marco de este proyecto, se ha podido abordar de manera más estructurada la planificación estratégica y la reorganización interna de la fundación. Esto ha permitido que puestos directivos y técnicos sean asumidos por mujeres.”
Arturo Jiménez – Fundación Ecológica Arcoiris
Una experiencia que proyecta futuro
Sostener este tipo de iniciativas en el tiempo permite que los procesos crezcan, se consoliden y amplíen su alcance. Hoy, al cierre de este proyecto, las organizaciones cuentan con más conocimientos y experiencia para trabajar junto a comunidades locales; existen redes de colaboración activas y el enfoque de género forma parte de sus actividades cotidianas.
El proyecto demostró que cuando organizaciones, equipos técnicos y comunidades suman esfuerzos alrededor de un propósito compartido, se generan acciones y resultados concretos que fortalecen la conservación de la biodiversidad de manera inclusiva.
“Considero que cada proyecto ha sido un aporte significativo en la reducción de amenazas y ha servido para inspirar y motivar a la reflexión: hablar de género e inclusión nos ayuda a crecer como organizaciones y como sociedades.”
Tania Calle – Coordinadora del proyecto
Para consultas adicionales, no duden en contactar a Franco Moreno, Coordinador de Comunicación del RIT Ecuador, en franco.moreno@ffla.net o Dayana Lema – dayana.lema@ffla.net, Asistente de Comunicación FFLA.
¡Juntos y juntas construiremos un futuro que priorice la biodiversidad, la conservación y un desarrollo sostenible!