Gobernanza comunitaria para fortalecer la conservación en el Corredor Biocultural Cotundo-Archidona Proyecto CEPF

La Fundación Yakum impulsa espacios de participación y articulación territorial para fortalecer la conservación y la sostenibilidad del Corredor Biocultural Cotundo-Archidona.

© Margony Palacios – Fundación Yakum / Miembros del corredor biocultural deliberando durante una sesión de mapeo participativo ilustrado / Cotundo, Ecuador.

En el territorio Cotundo-Archidona, la Fundación Yakum impulsa acciones de gobernanza comunitaria como parte del proyecto “Estableciendo el Corredor Biocultural Kichwa en Ecuador”. La iniciativa cuenta con el apoyo del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF, por sus siglas en inglés) y el acompañamiento técnico de la Fundación Futuro Latinoamericano (FFLA). El proceso busca fortalecer la participación comunitaria, la articulación territorial y la sostenibilidad de las acciones de conservación.

Gobernanza comunitaria para la conservación

Mientras se preparan las primeras jornadas de siembra y restauración ecológica, el proyecto implementado por la Fundación Yakum avanza en un componente fundamental para su sostenibilidad: la articulación entre comunidades y actores del territorio Cotundo-Archidona.

Durante los primeros meses del 2026, el proyecto concentró esfuerzos en la planificación de las acciones de restauración y en la consolidación de espacios de gobernanza comunitaria.

Uno de los hitos más importantes ha sido la conformación de un Comité Comunitario de Gestión integrado por representantes de 15 comunidades del territorio. El comité cuenta con la participación de cuatro miembros: dos hombres y dos mujeres; además, está presidido por Elvia, lideresa de la comunidad de Huambula. 

Su creación responde a una visión orientada a fortalecer el tejido social existente y promover la participación de las comunidades en espacios ya establecidos de toma de decisiones.

«Lo que buscamos es que las comunidades puedan participar de manera más activa en las mesas técnicas y espacios de gobernanza que ya existen. No se trata de crear un nuevo organismo, sino de fortalecer las capacidades de liderazgo y articulación territorial», explica Karla Vera, coordinadora del proyecto.

Fortalecimiento de capacidades y liderazgo territorial

En los próximos meses, el Comité participará en procesos de formación sobre liderazgo, políticas públicas, gestión territorial, género y cosmovisión indígena. El objetivo es construir colectivamente una propuesta de gestión para el corredor.

Estas acciones buscan fortalecer capacidades locales y promover una participación más activa en los procesos vinculados con el territorio.

Desafíos para la participación comunitaria

© Margony Palacios – Fundación Yakum / Mapeo participativo Corredor Biocultural / Cotundo Archidona

El camino no ha estado exento de desafíos. Uno de los principales ha sido sostener la participación comunitaria en un contexto donde múltiples organizaciones e instituciones trabajan simultáneamente en los mismos territorios. La sobrecarga de talleres, reuniones y proyectos puede generar desgaste y reducir el involucramiento de las familias.

A esto se suman problemáticas presentes en algunas comunidades. Uno de los principales desafíos es la limitada disponibilidad de oportunidades económicas sostenibles para las familias de la zona. La agricultura, que constituye la principal actividad productiva, suele generar ingresos bajos y no alcanza a cubrir las necesidades básicas. Esta situación se ve agravada por la escasa presencia del Estado, reflejada en servicios de salud precarios y en graves deficiencias en los sistemas de saneamiento.

Las problemáticas sociales que afectan la capacidad organizativa de algunas comunidades y la expansión de la minería introducen desafíos adicionales. Además de competir con otras actividades económicas, suele estar asociada a un incremento de problemáticas sociales como el alcoholismo, la violencia, la criminalidad y la prostitución. Estos factores debilitan el tejido comunitario y dificultan los procesos organizativos y de conservación a largo plazo

A estos impactos se añade la contaminación ambiental generada por la actividad minera, especialmente en los ríos y fuentes de agua de las que dependen las comunidades. Esta contaminación afecta directamente actividades de subsistencia como la pesca, reduciendo la disponibilidad y calidad de los recursos que históricamente han contribuido a la alimentación y economía familiar. Asimismo, el consumo de agua y peces contaminados puede provocar diversas afectaciones a la salud, incrementando la vulnerabilidad de las poblaciones locales y comprometiendo su bienestar a largo plazo.

Por ello, se considera que no es posible pensar la conservación de manera aislada de las condiciones de vida de las comunidades. Cuando las familias enfrentan situaciones de precariedad económica, servicios básicos deficientes, problemas de salud, contaminación ambiental y escasas oportunidades de generación de ingresos, las necesidades inmediatas de bienestar y subsistencia se vuelven prioritarias. 

Si bien las iniciativas de conservación pueden generar beneficios importantes en el largo plazo, su sostenibilidad depende de que también contribuyan a responder a los desafíos urgentes que las comunidades enfrentan en el presente. En este sentido, la conservación no puede plantearse únicamente como un objetivo ambiental, sino como un proceso estrechamente vinculado al bienestar, la salud y las oportunidades de desarrollo de las poblaciones que habitan y protegen estos territorios. 

«La conservación no puede verse de forma aislada. Hay comunidades donde las necesidades económicas son muy urgentes y las familias deben priorizar actividades que les permitan generar ingresos inmediatos. Entender esa realidad es fundamental para construir procesos que realmente funcionen», señala Vera.

Conservación, medios de vida y sostenibilidad

Precisamente por este contexto expuesto, el proyecto apuesta por fortalecer la conservación y gobernanza comunitaria a través combinar restauración ecológica, fortalecimiento organizativo y generación de medios de vida sostenibles. 

Los procesos de meliponicultura de abejas nativas sin aguijón han despertado interés en varias comunidades. Además, existen avances concretos hacia acuerdos de comercialización con aliados locales que podrían generar ingresos vinculados a la conservación.

Más allá de los resultados previstos para este año, uno de los grandes retos sigue siendo la sostenibilidad de este tipo de iniciativas. Los cambios en el paisaje, la recuperación del bosque y el fortalecimiento de la gobernanza comunitaria requieren tiempos más largos que los ciclos habituales de financiamiento.

«Los procesos territoriales necesitan continuidad. Un año permite iniciar cambios importantes, pero construir confianza, fortalecer organizaciones y recuperar ecosistemas toma mucho más tiempo. Por eso en Yakum intentamos que cada proyecto se conecte con el trabajo realizado anteriormente y siente bases para lo que vendrá después», concluye Vera.

En ese sentido, el Corredor Biocultural Cotundo – Archidona no se plantea únicamente como un proyecto de restauración, sino como una oportunidad de desarrollo local. Busca fortalecer las relaciones entre comunidades, instituciones y territorio para sostener la conservación más allá de la duración de un financiamiento específico, respondiendo los desafíos más urgentes de las comunidades.

Por: Fundación Yakum