Hallazgos científicos, conservación de anfibios y aportes a la sociedad civil Proyecto CEPF

Descubrimientos científicos y conservación de anfibios en el Corredor de Conectividad Sangay – Podocarpus (CCSP).

© Juan C. Sánchez – Fundación Amaru / Pristimantis pycnodermis / El Pan – Gualaceo

Gracias al apoyo del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF), el proyecto “Estrategias de Conservación de Anfibios en el Corredor Sangay – Podocarpus”, implementado por la Fundación Amaru, ha logrado resultados científicos sobresalientes que posicionan al sur del Ecuador como un hotspot de biodiversidad crítico para la conservación global.

Riqueza de especies y nuevos aportes al conocimiento

Durante dos años de trabajo de campo en bosques montanos y páramos de los cantones Gualaceo y El Pan (provincia del Azuay), el equipo de investigadores registró un total de 14 especies de anfibios, muchas de ellas endémicas y altamente amenazadas. Entre los hallazgos más destacados se encuentran:

  • Posibles especies nuevas para la ciencia: Ocho de las especies registradas (entre ellas Pristimantis sp1, sp2, sp3 y sp4) presentan incertidumbre taxonómica, lo que sugiere que podrían tratarse de especies no descritas para la ciencia, resaltando la riqueza oculta de estos ecosistemas.
  • Redescubrimiento de una especie no registrada en 30 años: Se confirmó la presencia de la rana Hyloxalus anthracinus (En Peligro Crítico – CR), una especie de la que no existía un registro oficial desde hace aproximadamente tres décadas. Este redescubrimiento representa un hito para la conservación de los anfibios andinos.
  • Nuevos registros de especies emblemáticas: Se reportó el segundo registro a nivel mundial de la rana gigante de torrente Hyloscirtus tolkieni, especie descrita en 2023, lo que amplía su distribución conocida dentro del CCSP.
  • Especies endémicas y amenazadas: El estudio confirmó la presencia estable de especies como Pristimantis pycnodermis (EN), P. gloria (EN), P. orestes (EN), P. lutzae (VU) y Gastrotheca pseustes (NT), entre otras. Estas ranas son indicadoras de la calidad de los bosques y quebradas.
© Juan C. Sánchez – Fundación Amaru / Hyloscirtus tolkieni / El Pan Azuay – Ecuador

Salud de los anfibios: un reflejo de la salud del territorio

El proyecto también evaluó el estado de salud de estas poblaciones. Se procesaron más de 100 muestras biológicas (hisopados de piel y heces) en laboratorios de la Universidad Católica de Cuenca. Los análisis confirmaron que:

  • La presencia del hongo quitridio (Batrachochytrium dendrobatidis – Bd) supera el 50% en algunas especies, especialmente en áreas con intervención humana.
  • Se identificaron 18 géneros de parásitos intestinales. La mayor diversidad y carga parasitaria se encontró en ranas que habitan bordes de bosque y potreros, cerca de ganado y viviendas.
  • Las ranas que viven en bosques bien conservados presentan mejor salud y menor presencia de patógenos, confirmando que proteger el bosque y el agua es la principal medicina para los anfibios.
© Juan C. Sánchez – Fundación Amaru / Pristimantis pycnodermis / El Pan – Gualaceo

Además, los análisis fisicoquímicos del agua detectaron altos niveles de coliformes fecales en varias quebradas, asociados a actividades ganaderas y domésticas, lo que impacta directamente en la salud de las ranas y también en el bienestar de las comunidades.

Impacto en la sociedad civil y la ciencia

Este proyecto no solo ha generado conocimiento científico, sino que ha involucrado activamente a las comunidades locales, mujeres rurales, gobiernos autónomos descentralizados (GADs), guardaparques y organizaciones de conservación. Más de 70 personas (de las cuales el 67% fueron mujeres) fueron capacitadas en técnicas de monitoreo de anfibios, bioseguridad y conservación de quebradas. Además, más de 1.600 estudiantes y público general participaron en exposiciones interactivas, fortaleciendo la conciencia ambiental.

Se suscribieron tres convenios de cooperación con propietarios de predios privados (Peña Blanca, Taita Rumi y Huagrarancho) para proteger bosques, quebradas y permitir el monitoreo continuo de anfibios. Estos acuerdos son un ejemplo concreto de cómo la ciencia y la acción comunitaria pueden caminar juntas.

Finalmente, los datos generados han sido sistematizados en la Estrategia para la Conservación de Anfibios del CCSP, un documento técnico que plantea 41 acciones concretas para proteger a estas especies. La estrategia fue validada por un grupo de especialistas nacionales e internacionales y socializada con autoridades locales, comunidades y el Ministerio de Ambiente y Energía.

Aporte del CEPF

El financiamiento de CEPF ha sido fundamental para que la sociedad civil (Fundación Amaru, universidades, comunidades, GADs) lidere un proceso de investigación y conservación de alta calidad. Gracias a este apoyo, hoy el CCSP cuenta con información científica actualizada, capacidades locales fortalecidas y una hoja de ruta clara para proteger a sus anfibios y, con ellos, el agua y el clima de la región.

La ciencia, la conservación y la comunidad unidas por los anfibios del Ecuador.

Por: Fundación Amaru