La comunidad Mariscal Sucre y el Grupo de Mujeres Kilago accedieron, por primera vez, a fondos climáticos para fortalecer la resiliencia de la comunidad frente al cambio climático desde un enfoque de igualdad de género e inclusión social, con el apoyo y la mentoría técnica de la Fundación Futuro Latinoamericano (FFLA).

En la provincia de Imbabura, al norte de Ecuador, en la comunidad Mariscal Sucre de la parroquia González Suárez, cantón Otavalo, el cierre del proyecto “Comunidades Kichwas por el Clima y Cuidado” se celebró desde la identidad, la memoria colectiva y el compromiso comunitario.
Hubo danza tradicional y una obra de teatro comunitaria sobre el cuidado de la Pachamama, junto con una exposición fotográfica que permitió recorrer los momentos más significativos del proyecto. Además, se realizó un intercambio de productos como lechuga, papanabo, zanahoria, mora, entre otros, que reflejaron la soberanía alimentaria de la comunidad.

Alrededor de una pambamesa, que significa “mesa en el suelo”y que constituye una tradición ancestral de los pueblos indígenas andinos, la comunidad compartió productos cultivados en sus chakras. Sobre una manta extendida en la tierra, cada familia colocó los alimentos cosechados en sus chakras para compartirlos en igualdad, como símbolo de reciprocidad, comunidad y cuidado colectivo.
Así culminó este proyecto que, entre agosto de 2025 y febrero de 2026, convocó a un proceso participativo e intergeneracional a 50 personas del pueblo Kichwa Kayambi, entre mujeres, hombres, niñas, niños, adolescentes y personas adultas mayores.
Durante estos meses, las personas participantes miraron de frente un desafío común: cómo cuidar la Pachamama y, al mismo tiempo, redistribuir las responsabilidades de cuidado dentro del hogar y la comunidad.
Un primer acceso a fondos climáticos
La comunidad Mariscal Sucre había postulado anteriormente a fondos climáticos sin resultar beneficiada. Una realidad que comparten muchas comunidades rurales que, pese a su organización y liderazgo territorial, enfrentan limitaciones técnicas y administrativas para acceder directamente a financiamiento climático. Superando este contexto, logró ser parte de la iniciativa financiada por Climate & Care Initiative Fund – Fundación Avina.
A través de una alianza con la Fundación Futuro Latinoamericano (FFLA), organización de la sociedad civil con más de 30 años de experiencia en acción climática y fortalecimiento institucional con enfoque de género e inclusión social, la comunidad pudo acceder a los recursos y contar con un proceso de mentoría técnica por parte de FFLA.
Este acompañamiento técnico incluyó herramientas prácticas en adaptación y mitigación climática, igualdad de género, inclusión social y fortalecimiento organizativo, asegurando una ejecución inclusiva, colaborativa, transparente y efectiva.
El liderazgo y la implementación del proyecto estuvieron siempre en manos del equipo técnico perteneciente a la propia comunidad, que fortaleció su experiencia y capacidades para postular a nuevos fondos en el futuro.
El cambio climático y sus impactos en las comunidades
La comunidad atraviesa un proceso de transición en su forma de producir alimentos. Cada vez más familias dependen de la agricultura comercial, lo que las hace más vulnerables frente a los cambios del clima y las variaciones en los precios del mercado. Esto ha significado también una pérdida de soberanía alimentaria y, en algunos casos, endeudamiento.

A esto se suman dificultades en la gestión eficiente del agua, lo que incrementa los conflictos por su acceso. Además, los procesos de migración juvenil, impulsados por la falta de oportunidades laborales en la comunidad, han debilitado el tejido social y reducido la capacidad colectiva para enfrentar esta problemática.
Las desigualdades de género agravan esta situación. Muchas mujeres asumen múltiples cargas laborales entre el trabajo productivo, el trabajo de cuidado que incluye las labores domésticas y el cuidado de personas, además del trabajo comunitario, como la preparación de alimentos para eventos, especialmente en mingas y otros espacios colectivos, con poca incidencia en las decisiones comunitarias. Esta sobrecarga afecta su bienestar físico y emocional, y limita su participación y disponibilidad de tiempo en espacios de gobernanza local, así como en procesos de formación y liderazgo.
En este contexto, el proyecto se propuso fortalecer la resiliencia de la comunidad frente al cambio climático, promoviendo soluciones inclusivas que integraron el cuidado de los ecosistemas, la igualdad de género y el bienestar comunitario.
Sembrar autonomía y liderazgo
Para alcanzar el objetivo propuesto, la comunidad revitalizó conocimientos ancestrales y prácticas sostenibles. Una de ellas fue la permacultura, entendida como un sistema de diseño y manejo de las chakras (espacios de cultivo de productos) respetando los principios de la naturaleza: combinar cultivos, proteger el suelo, aprovechar el agua de lluvia y eliminar el uso de productos químicos, para que la tierra se regenere mientras produce alimentos.

Paralelamente, el proyecto promovió el liderazgo de las mujeres de la comunidad mediante la redistribución de las responsabilidades de cuidado. Niñas, niños y adolescentes asumieron compromisos concretos, como apoyar en la limpieza del hogar, el pastoreo de animales, la siembra, cosecha y manejo de residuos orgánicos en la chakra familiar.
Los hombres, por su parte, acordaron reorganizar su tiempo para asumir responsabilidades que históricamente han recaído en las mujeres: el cuidado directo de sus hijas e hijos (jugar, acompañar en tareas escolares y llevarlos al espacio educativo), participar activamente en el trabajo de la chakra y hacerse cargo del hogar en horarios determinados, para que las mujeres participen en talleres y en espacios de toma de decisión.
También se impulsaron alternativas económicas sostenibles, como el fortalecimiento de las chakras familiares a través de la diversificación de cultivos, la producción libre de agroquímicos, la conservación e intercambio de semillas nativas y la aplicación de prácticas de manejo regenerativo del suelo y uso eficiente del agua.
Todas estas acciones hicieron que más mujeres participaran activamente en los procesos comunitarios. Lo implementado durante el proyecto contribuirá al fortalecimiento de la soberanía alimentaria, la generación de excedentes para el intercambio y la comercialización local, consolidando la autonomía económica de las mujeres y sus familias.
Talleres co-creativos e intergeneracionales
11 talleres co-creativos e intergeneracionales marcaron el corazón del proceso. En ellos participaron 20 mujeres, 5 hombres, 25 niñas, niños y adolescentes de la comunidad, quienes aplicaron metodologías adaptadas a su grupo etario para garantizar una participación inclusiva.
De toda la serie de talleres, tres tuvieron un enfoque teórico:
El primero abordó las desigualdades estructurales presentes en la comunidad. Se evidenció que las mujeres asumen una mayor carga de trabajo, concentrando su tiempo en el cuidado del hogar, hijas e hijos, personas adultas mayores y en actividades productivas vinculadas a la agricultura y al cuidado de animales. En contraste, los hombres dedican más tiempo a la generación de ingresos, al mantenimiento y reparación de la vivienda, y a espacios de dirigencia de la comunidad. Esto visibilizó cómo la distribución del trabajo de cuidado impacta la igualdad y el rol de las mujeres en la resiliencia frente al cambio climático.

En un segundo espacio, se abordaron los derechos, la igualdad de género y la inclusión social, abriendo un diálogo entre mujeres y hombres sobre la redistribución de las responsabilidades de cuidado. De estas conversaciones surgieron compromisos colectivos para avanzar hacia relaciones más equitativas dentro del hogar y la comunidad.
El tercer taller fortaleció el liderazgo y la gobernanza territorial frente al cambio climático. Las personas participantes revalorizaron conocimientos y estrategias propias, como la conservación e intercambio de semillas nativas, el uso de calendarios agrícolas ancestrales, la rotación y asociación de cultivos, el manejo comunitario del agua y la minga como práctica de trabajo solidario. Este proceso generó un mayor empoderamiento y fortaleció la confianza colectiva, haciendo que la comunidad se sienta más preparada para asumir un rol activo en la gestión de los desafíos climáticos.

Como última parte de los talleres, se realizaron ocho espacios teóricos y prácticos, que abordaron actividades sobre permacultura, diseño de chakras, manejo y recuperación de suelos, elaboración de abonos orgánicos, gestión del agua y construcción de filtros de carbón activado, técnicas de cultivo y manejo de semillas, entre otras.
Estos talleres no fueron espacios aislados. Mientras las personas adultas reflexionaban y construían acuerdos, niñas, niños y adolescentes participaron de manera paralela en 11 espacios de aprendizaje sobre el cuidado de la Pachamama. A través de metodologías lúdicas como pintura, cuentos, juegos y cine foros, se promovió la reflexión y la participación activa, asegurando que la inclusión se evidencie en la práctica y que el cuidado sea reconocido y compartido.

Chakras comunitarias agroecológicas
Como parte del proceso, se impulsó el concurso “Chakras Resilientes por el Clima y el Cuidado”, que convocó a las y los participantes del proyecto a presentar propuestas para fortalecer o transformar sus chakras. Se priorizaron iniciativas que integraran el cuidado del territorio, la soberanía alimentaria y la corresponsabilidad familiar.
El concurso permitió seleccionar y apoyar económicamente a 10 propuestas lideradas por mujeres, entregar materiales e insumos para su implementación: animales menores (pollos y patos), alimento balanceado para animales, materiales para infraestructura (malla, madera, cubiertas), sistemas de riego y herramientas básicas para producción bajo enfoque de permacultura. Este impulso también hizo visible su liderazgo como guardianas del territorio y portadoras de saberes ancestrales.

Como resultado, 25 familias de la comunidad Mariscal Sucre implementaron chakras comunitarias agroecológicas. Más allá de la producción de alimentos, estas chakras se van consolidando como espacios de adaptación y mitigación climática, donde se aplican principios de permacultura, manejo regenerativo del suelo, conservación de semillas nativas y uso eficiente del agua.
Estas prácticas fortalecen la resiliencia climática, optimizan el trabajo agrícola y reducen el tiempo destinado a tareas que tradicionalmente recaen sobre las mujeres.
“Ver a las familias regenerar sus suelos desde la permacultura, recuperando saberes ancestrales y trabajando colectivamente, es profundamente significativo. Este proceso no solo asegura nuestro alimento, sino que fortalece la soberanía del territorio y empodera a las mujeres como guardianas de la sabiduría ancestral frente al cambio climático.”
Margarita Cabascango – Coordinadora del proyecto y miembro de la comunidad Mariscal Sucre
Un cierre con voces, arte y compromiso colectivo

El evento de cierre del proyecto fue un espacio para mirarse y reconocerse. Entre aplausos y sonrisas, se entregaron certificados de participación a 23 personas, quienes durante los seis meses de implementación del proyecto participaron activamente. Este acto permitió reconocer y celebrar el compromiso colectivo.
Además, se otorgaron certificados de reconocimientos a 10 personas ganadoras del concurso “Chakras Resilientes por el Clima y el Cuidado”, destacando su liderazgo, compromiso y dedicación en la implementación de prácticas agroecológicas sostenibles.

El arte también tuvo su espacio. Se presentó el mural colectivo “Tarpushpa kawsayta” (Sembrando vida), con la montaña Imbabura como fondo y el rostro de una mujer representando a las mujeres de las comunidades. Durante el evento, varias manos pintaron nuevas nubes en el cielo del mural, plasmando el compromiso con la vida y el territorio.

Este evento también incluyó el Rimaykuna Tinkuy, un espacio de diálogo intergeneracional. En él participaron una persona adulta, dos mujeres jóvenes y una niña, quienes compartieron reflexiones, experiencias y aprendizajes sobre cómo la comunidad ha fortalecido sus prácticas frente al cambio climático. Este conversatorio articuló saberes ancestrales y nuevas miradas, y reafirmó que el cuidado del territorio y la toma de decisiones cotidianas son una responsabilidad compartida.
Un documento de sistematización generado en el marco del proyecto se entregó a cada participante. Este recurso, co-construido entre la comunidad y el equipo técnico, rescata la memoria histórica, los saberes ancestrales y las prácticas de permacultura implementadas durante el proyecto. Se consolida como una guía práctica para replicar estas iniciativas y fortalecer la acción climática con enfoque de cuidado en otras comunidades.

Asimismo, se presentó un video elaborado a partir de las voces y experiencias de quienes integran la comunidad, que recoge todo el proceso del proyecto y cuenta cómo implementaron los aprendizajes en sus chakras.
Lo que queda sembrado
La experiencia de “Comunidades Kichwas por el Clima y Cuidado” deja claro que las soluciones frente al cambio climático nacen en las manos que siembran, en las voces que dialogan y en las comunidades que deciden caminar juntas.

Gracias a un trabajo colectivo, el proyecto logró fortalecer relaciones más igualitarias, abrir espacios de diálogo intergeneracional y posicionar a las mujeres kichwas como lideresas en la acción climática, aportando a la soberanía alimentaria y al fortalecimiento de la identidad cultural.
Con el acompañamiento técnico de la Fundación Futuro Latinoamericano (FFLA) que facilitó el acceso al fondo, y con el liderazgo sostenido de la comunidad Mariscal Sucre y de Mujeres Kilago, fue posible ampliar las oportunidades de financiamiento climático para actores históricamente marginados. Esta experiencia deja capacidades fortalecidas y nuevos caminos abiertos para seguir gestionando iniciativas desde lo local.
Cuidar el clima también es cuidar la vida. Y ese cuidado, cuando se comparte, se convierte en un compromiso colectivo.
Para consultas adicionales, por favor contactar a Franco Moreno, Coordinador de Comunicación de FFLA – franco.moreno@ffla.net o Dayana Lema – dayana.lema@ffla.net, Asistente de Comunicación de FFLA.