Sociedad civil se une para salvar el Río Caoní, en el Chocó Andino ecuatoriano Proyecto CEPF

Durante casi dos décadas, las comunidades de Puerto Quito, San Miguel de los Bancos y Pedro Vicente Maldonado, en el noroccidente de Pichincha, han denunciado la contaminación del Río Caoní. Sin embargo, hasta ahora no existían datos científicos que dimensionan la gravedad del problema.

© Juan Sebastián Jaramillo – Salvemos El Caoní

En 2025, empresarios turísticos de Puerto Quito, junto con la revista Noroccidente Relax y Aventura, encendieron la alarma sobre el deterioro del río, uniendo esfuerzos con comunidades locales, gobiernos municipales, organizaciones civiles y académicas.

Así nació la iniciativa “Salvemos el Caoní”, dentro del proyecto “Conservación Participativa del Río Caoní y de sus Especies Amenazadas”, apoyado por el Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF, por sus siglas en inglés), con el acompañamiento técnico de la Fundación Futuro Latinoamericano (FFLA), e implementado por equipos de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).

El proyecto realizó el primer diagnóstico integral del estado del río en mayo y agosto de 2025. Los resultados son preocupantes, pero también revelan una ventana de esperanza.

Un río que se deteriora de a poco

© Juan Sebastián Jaramillo – Salvemos El Caoní

El monitoreo en nueve sitios a lo largo de la cuenca reveló contaminación generalizada pero variable. En San Miguel de los Bancos, los niveles de E. coli superan dramáticamente la norma para cuerpos de agua naturales y recreativos, que es 0 NMP/100 ml. En el cauce principal del Caoní, los valores se acercan apenas a la norma con aproximadamente 3.6 NMP/100 ml.

La presencia de cloruros confirma que las aguas residuales domésticas se vierten directamente a los cuerpos de agua en San Miguel de los Bancos. Estos cloruros reaccionan con la materia orgánica y producen compuestos carcinogénicos que se evaporan y se dispersan por deposición atmosférica. También se detectaron altos niveles de nitratos, sulfatos y demanda química de oxígeno (DQO), todos asociados a aguas residuales no tratadas. 

Aunque no se encontraron metales pesados fuera de norma, la presencia de bario sugiere el uso de pesticidas agrícolas. En la cuenca baja, hay mayor presencia de hierro, calcio y sílice, indicadores de erosión intensificada por extracción de material pétreo o alteración de márgenes.

Pero hay una señal de esperanza: un análisis de los organismos que habitan el río, utilizado para evaluar la calidad del agua, mostró resultados que corresponden a una condición buena. Sin embargo, otro indicador mostró resultados regulares. 

Los macroinvertebrados presentan poca abundancia pero buena diversidad. Esto significa que el río todavía mantiene capacidad de autodepuración, pero está bajo presión creciente.

Las especies que están desapareciendo

© Daniela Franco / Monitoreo de anfibios en el río Caoní

El proyecto monitorea cuatro especies de anfibios en peligro de extinción: Rhaebo caeruleostictus, Pristimantis crenunguis, Hyloxalus toachi y Pristimantis tenebrionis. Durante las temporadas lluviosa y seca, se capacitaron 10 personas locales, se establecieron 9 puntos de monitoreo, se tomaron 40 muestras de ADN ambiental y se registraron más de 300 ejemplares de anfibios.

Los hallazgos confirman lo que muchos habitantes ya habían notado: hay disminución de poblaciones, extinciones locales y pérdida de conectividad entre hábitats. En la escuela San Patricio de Fe y Alegría, en San Miguel de los Bancos, existe un remanente de bosque aislado, pero los profesores no tienen todas las herramientas para conservarlo.

El problema es estructural. La deforestación para agricultura ha fragmentado los bosques ribereños. Las normativas sobre la franja de protección de 30 metros existen, pero son difíciles de aplicar porque no especifican el proceso de sanción. Los gobiernos locales dan permisos de uso de suelo, pero el control sobre propietarios privados es prácticamente inexistente.

La Historia olvidada del Caoní

El Caoní ha sido fundamental para las comunidades locales y pueblos originarios durante siglos. Para Puerto Quito, que funcionó como ciudad «puerto» al confluir con otros ríos, el Caoní fue una vía de comunicación y comercio. Ha sostenido la agricultura, la ganadería y el consumo doméstico de generaciones. Fue territorio de los Yumbos y todavía está habitado por comunidades afro-descendientes que mantienen una conexión y una tradición oral con el bosque y el río.

Pero desde mediados del siglo XX, la urbanización, la expansión agrícola y la deficiente gestión de desechos han degradado progresivamente el agua y los ecosistemas. La construcción de carreteras, sistemas de alcantarillado deficientes y edificaciones en las riberas han intensificado la contaminación. Hubo un boom de cultivos como palmito, maracuyá y pitahaya que llevó a deforestar las cabeceras de agua.

La apuesta colectiva: conservación que se mantenga en el tiempo

© Daniela Franco / Monitoreo de anfibios en el río Caoní

La unión de actores locales en «Salvemos el Caoní» plantea tres componentes de trabajo:

  1. Monitoreo participativo de la calidad del agua y de las poblaciones de anfibios, para desarrollar un plan de conservación específico.
  2. Diseño de mecanismos de conservación junto a municipios, comunidades y propietarios locales.
  3. Fortalecimiento de la gobernanza comunitaria del Río, mediante la reactivación de la Mancomunidad del Río Caoní y la creación de un grupo de trabajo permanente entre sociedad civil, gobiernos locales y academia.

La apuesta es establecer un grupo de trabajo permanente que sobreviva más allá del financiamiento inicial. Eso incluye capacitación a propietarios sobre conservación de bosques ribereños, programas de restauración con viveros locales (Puerto Quito ya tiene uno con más de 15 años de experiencia), educación ambiental en escuelas y manejo forestal en tierras degradadas de la cuenca baja.

También significa hacer cumplir las ordenanzas existentes y desarrollar alianzas estratégicas que aseguren protección a largo plazo.

Todavía hay esperanzas

© Juan Sebastián Jaramillo – Salvemos El Caoní

Los datos del monitoreo muestran que el Caoní está en un punto crítico. Todavía tiene capacidad de recuperación, pero esa ventana se está cerrando. San Miguel de los Bancos ya muestra una baja capacidad para seguir recibiendo contaminación directa. Las especies de anfibios están perdiendo conectividad. Los bosques ribereños desaparecen sin planes de restauración.

El proyecto repite el muestreo para confirmar estos hallazgos, pero la evidencia ya es suficiente para actuar.

«El Caoní es la arteria de vida del Chocó Andino. Sin un compromiso conjunto, perderemos no solo especies únicas, sino también la base del turismo, la agricultura y la salud de nuestras comunidades», señala el equipo del proyecto.

Este esfuerzo colectivo busca demostrar que cuando comunidades, academia, gobiernos locales, medios de comunicación y sociedad civil trabajan juntos, la conservación es posible. El Caoní todavía puede salvarse. Pero requiere acción sostenida y el apoyo de la ciudadanía y de los distintos actores civiles y políticos.

Por: Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y Universidad Internacional del Ecuador (UIDE)

Contacto de prensa: Juan S. Jaramillo / +593 984250866 / salvemos.el.caoni@gmail.com